Emails a Lucilio

Volver

Asunto: Sobre práctica antes que palabra

Fecha: 18 de julio de 2026

Quieres tatuarte “coherencia” en el brazo, pensando que ello te recordará ser coherente, virtud muy escasa en estos tiempos. Puedes ser coherente sin tenerlo escrito en el cuerpo, Lucilio, pero vas a necesitar que quede fijo en la mente, hasta que sea tan natural que no tengas que pensar en ello. Curiosamente, así serías además coherente con que no son las palabras las que nos definen, sino las acciones. Ningún ave aprende a volar por lo que le cuenta otro, sino imitando a las otras, hasta que luego de muchos intentos, emprende vuelo y perfecciona con la práctica. El ave se hace tal con el volar, pero también con el comer, dormir, compartir y demás. Cuando ya domina el vuelo, el ave no necesita regresar a contarle a los demás lo bien que lo hizo, pues todas las demás ya lo saben. Ella es un ave porque quiere volar y es ella por la forma de hacerlo — sea que vuele, sea que intente. Del mismo modo, Lucilio, te estás haciendo con cada vuelo y te están concibiendo al observar tus movimientos: pierdes tiempo si pretendes usar las palabras para esto. Las palabras son más baratas que las acciones, Lucilio. Es por esto que muchos hablan en exceso, volando en cualquier dirección — incluso en contra de su siguiente acción. No existe mejor prueba de esto que el hecho de que escribir algo como esto puede tomar varios minutos, pero ponerlo en práctica, toda la vida. Ser coherente en palabra con lo que dijiste ayer es señal de buena memoria. Ser coherente en acción con lo que acabas de decir lo es de buena fe. Ser coherente en acción con lo que dijiste ayer, la más exigente de todas. Ser coherente en palabra con lo que acabas de hacer, es sumamente sencillo. La palabra le debe seguir a la acción — no al revés. Existe algo entre las palabras y las acciones que puede inclinar la balanza, Lucilio: te hablo de las ideas. Necesitas palabras para definirlas pero acciones para demostrarlas. Usa la idea de coherencia para pensar la concordancia necesaria entre pensamiento, palabra y acción. Es la capacidad de pensar una idea la que puede ayudarte a que lo que salga de tus labios cuente la historia que escriben tus alas. Hoy por la noche reza: “Confieso ante el dios no religioso que me he esforzado mucho para alinear mi pensamiento, palabra, obra y omisión” — porque omitir puede ser la forma más cruel de ser incoherente. Y así recordarás que mañana — si ese dios así lo quiere — tendrás que volver a empezar.

Suscríbete para recibir nuevas entradas

Recibirás cada nueva Carta o Email al ser publicada.

Suscribirme en Substack →