Emails a Lucilio

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Asunto: Sobre las multitudes

Fecha: 4 de abril de 2026

Quién podría dudar, Lucilio, de lo bien que nos hace estar con otras personas, en particular con los que amamos, con aquellos de los que aprendemos, o con los que algo podemos enseñarles. La energía, como buena moneda valiosa, sólo parece tener sentido cuando se puede intercambiar con alguien más. Sin embargo, pocas cosas hacen más daño que las multitudes, justamente por cantidad, pero también por calidad. Existe una cantidad de personas a partir de la cual uno es simplemente un punto minúsculo, una parte de un todo. Si bien para determinados objetivos es necesario, la mayoría de las veces te hace asumir una identidad que no es la tuya. El otro gran peligro es la calidad. Aún cuando se trate de pocas personas, compartir con las incorrectas te carga más de lo que te eleva. Estos nuevos tiempos parecen ofrecer una ventaja: ya no necesitas estar físicamente junto a las multitudes para ser parte de ellas. Pero es todo lo contrario: es demasiado fácil ser parte de una conversación multitudinaria que te influenciará sin tener realmente opción de pensar. El introvertido ya se guarda tiempos a solas, pero lo hace más por miedo que por convicción. El extrovertido busca la energía que le proveen los demás, pero a costo demasiado alto. Ambos necesitan mucho menos del contacto con los demás, y mucho más de la conversación con uno mismo. ¿Por qué tendrías que compartir algo que no has procesado con dedicación suficiente, o que no has cuestionado y respondido primero? Ninguna persona podría subsistir sin lo que otros proveen a nivel material. Ninguna podría vivir bien sin el compartir espiritual con los demás. Pero a la vez, ninguna debería privarse de estar a solas consigo misma — que en sí ya contiene una multitud. Y nadie debería perder la oportunidad de estar a solas con el universo, más atrás de los pensamientos — la forma más profunda de contacto y comunión. Es distinto Lucilio, sentirse solo pasivamente que estar solo activamente. El inglés tiene palabras más precisas para esto: "lonely" y "alone". Estar solo porque nadie quiere estar con uno es una terrible desgracia; estar solo a propósito, con todas las ganas del mundo, es una enorme bendición. Estar solo por convicción debería ser tan importante como en estas épocas se concibe el sueño. Así como necesitamos ocho horas de lo segundo, necesitamos algunas horas de lo primero, que no nos repondrá física o mentalmente, pero sin duda sí espiritualmente. Te escribo todo esto, Lucilio, habiendo estado un buen rato a solas conmigo mismo, predisponiéndome para pasar el resto del día con otros. Pues solo quien se ha encontrado consigo mismo puede realmente encontrarse con los demás, y escribiéndote esto he estado contigo. Pues al final, somos el mismo.

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