Emails a Lucilio

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Asunto: Sobre la elección de amigos

Fecha: 11 de marzo de 2026

Era este un niño extraterreste que se hace amigo de uno terrícola, cuando este último es llevado a su planeta para ser analizado como espécimen humano. Para el niño de por allá era muy natural ser amigo de alguien de por acá —siendo justamente niño — pero cuando sus padres le dicen que debían llevarlo de regreso a la Tierra, el niño extraterrestre promete visitarlo cada cierto tiempo. Y es así que ambos se encuentran cada cuantos años, esta vez para visitar distintas galaxias, siendo que en cada uno de esos encuentros es como si el tiempo no se hubiera interrumpido, como si nunca se hubieran separado. Del mismo modo, Lucilio, ocurre con los verdaderos amigos: los puedes ver luego de siete años para continuar la conversación que tuvieron la última vez, o volver a contarse el chiste que sólo ustedes pueden entender. Si te preguntas entonces si, como en el amor a la pareja, la distancia y el tiempo son pruebas de la amistad, yo veo una clara diferencia: el amor parece debilitarse con ellos, mientras la amistad verdadera, se fortalece. Aristóteles hablaba de la amistad por placer, por utilidad y por amor. Y efectivamente, es placentero tener a alguien con quien compartir intereses. Es útil tener a alguien que nos devuelva algún favor, o mejor, que lo haga sin esperar nada a cambio. Pero es de otro nivel tener a alguien a quien amar, simplemente porque uno tiene esta posibilidad. El verdadero amigo es entonces ese que nos permite dar y disfrutar de dicha gracia, pero dar como si fuera para nosotros mismos. Pregúntate entonces si estás para tu amigo como lo estás para ti mismo, y si la respuesta es negativa, agradece al menos tener un conocido. Prefiere los pocos verdaderos amigos, que muchísimos conocidos. Antes que tener la facilidad de poder hablar con cualquiera de lo que sea, prefiere conversar profundamente sobre lo que realmente importa, con una sola persona, además de contigo mismo. ¿Deben los amigos ser similares a nosotros, como sugiere el "alma en dos cuerpos" de Aristóteles, o "un segundo uno mismo" de Cicerón? ¿O deben ser completamente distintos a uno? La respuesta es que necesitamos de ambos: ese que en unas dimensiones nos sea muy parecido, de manera que siempre nos recuerde y ayude a ser lo que quisimos ser; pero también alguno muy distinto, que más bien nos ayude a cambiar por completo. La amistad puede entonces concentrarse en las coincidencias para aceptar las diferencias, pero también puede buscar las diferencias para encontrar las coincidencias. En la amistad se siente, simplemente, una rara armonía. Dicen que quien no tiene enemigos no merece tener amigos. Debes tener algunos enemigos por ahí, Lucilio, aunque no te los hayan presentado aún. En todo caso, para ti serán a lo más conocidos, porque tener tu amistad es verdaderamente algo exclusivo, digno de ti mismo, de extraterrestres y de uno que otro terrícola que como yo, te estime demasiado.

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