Emails a Lucilio

Volver

Asunto: Sobre filosofía y pobreza

Fecha: 25 de junio de 2026

La pobreza, Lucilio, es un problema importante, en dos dimensiones que no distinguimos. Por un lado, no la entendemos; pero por otro, no es concebible que siga existiendo dado todo lo que tenemos para combatirla. Digo que no entendemos la pobreza porque generalmente la concebimos en el ámbito material, cuando la pobreza más desgraciada es la moral, siendo también distinguibles la pobreza intelectual, cultural o espiritual. Definir la pobreza como aquel estado en el que no tenemos lo mínimo indispensable para tener una vida decente, o —mejor todavía—, aquella situación en la que no tenemos libertad de acción ni suficientes oportunidades, haría más justicia. Piensa en la dimensión moral, que tal vez de todas, sea la que menos se ve influida por la pobreza —o riqueza— material. No haberse preguntado por qué uno mira el mundo de la manera en que lo hace, o no saber siquiera que existen diferentes formas de concebirlo, es una clara señal de pobreza moral. ¿Cómo vivir para ayudar a los demás —o por lo menos no hacerles daño— si no se sabe que pueden tener otra perspectiva o no se considera esa otra visión del mundo? Las personas que sufren de pobreza moral probablemente no se han expuesto a suficientes ideas que los hayan llevado a ser más empáticos o comprensivos con los otros seres que los rodean. O, en clave determinista, simplemente la genética y el ambiente así lo han configurado. Al igual que ocurre con los pobres materiales, nadie quiere ser pobre, pero ¿qué le puede importar esto al destino? Digo que tampoco entendemos la pobreza cuando le atribuimos automáticamente una connotación negativa: haberla elegido consciente y voluntariamente tiene el sentido completamente contrario. Ser pobre a propósito —pensado como tener sólo lo necesario— en varias dimensiones, no sólo es suficiente, sino que facilita el ser rico en otras. Piensa en la salud: el destino es un punto en el camino; seguir más allá ya es perderse. Sin embargo, más grave que ser mal entendida, es que la dejemos existir cuando es perfectamente resolvible. Las matemáticas son sencillas cuando pensamos la solución a la pobreza material: con todo lo que no necesitan los ricos alcanza de sobra para que no tengamos pobres. El problema es que los ricos de dinero, son probablemente pobres de moral, o por lo menos, a nivel intelectual, porque ninguna lógica podría justificar esto. Ocurre entonces, Lucilio, que en todas las dimensiones la solución a la pobreza pasa porque los que son ricos vengan a rescatarnos; porque los que somos pobres querramos dejar de serlo; y porque cuando seamos también ricos volvamos por los que siguen quedando atrás.

Suscríbete para recibir nuevas entradas

Recibirás cada nueva Carta o Email al ser publicada.

Suscribirme en Substack →