Asunto: Sobre el retiro del cuerpo
Fecha: 5 de junio de 2026
Es sensato preocuparse por el cuerpo, Lucilio, pero sólo en la medida que quede en las mejores condiciones para servir a la mente, función para la que realmente nos fue dado.
Aliméntalo con la mejor comida que puedas proveerle. Ejercítalo para asegurar su correcto funcionamiento o incluso entrénalo para determinadas disciplinas. Dale el descanso debido para que se recupere adecuadamente. Disfruta de los placeres que te puede permitir. Todo en su justa medida.
Pero creer que el cuerpo tiene todo lo anterior como fin es haber entendido mal el sentido de la existencia. Es la mente la que permite entender la realidad o mejor aún, transformarla. Siendo la mente la única capaz de todo esto, necesita del cuerpo para ejercer plenamente su función. Queda claro entonces cuál debe prestar servicio.
Cada vez más gente ejercita el cuerpo, a la vez que cada vez menos ejercita la mente. Pero ahora, Lucilio, pensarás distinto sobre esto, porque ya es excelente ejercicio el estar pensando en lo que te digo.
No hagas nunca que tu alma se arrepienta de tener cuerpo, porque de ocurrir esto, aquella querrá retirarse del recipiente, y le ocurrirá lo que al agua cuando el vaso que se rompe.
De la misma manera que la mente debe retirarse eventualmente del cuerpo, tú debes retirarte del vulgo, que es una especie de gran cuerpo social. No lo hagas por debilidad, sino por sabiduría, porque los necesitas, pero solo hasta determinado punto.
Este retiro es preparatorio, no egoísta. Es el espacio para pensar distinto, para recargarse de ideas y energía, y así regresar como catalizador del cambio del gran cuerpo del que hablo.
Bien ha vivido quien bien se ha escondido, decía Ovidio—y que de su cuerpo ha salido, agrego yo. Así conduce su vida el virtuoso, sin ruido que llame la atención; sin las posesiones provistas por la suerte, sino con perfecciones ganadas por la propia elección; sin gritar demasiado — porque los que tienen la voluntad escuchan lo que transmite tu cuerpo.
Recuerda, Lucilio, que todo nos ha sido prestado, refiriéndome por supuesto a cuerpo y mente. La diferencia es que el primero se deprecia al punto que no podrás devolver nada mejor que al inicio. Pero la segunda puede retornarse con inmensas mejoras y enormes intereses.
El cuerpo, Lucilio, como un traje, es tremendamente útil, pero deberías poder quitártelo o cambiarlo y estar más que bien, porque el cuerpo es tuyo, no es tú.
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