Cartas a Séneca

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Sobre querer morirse

No sé si por estar cerca de los cincuenta, o porque tanto me has hablado de esto, que pienso con mucha frecuencia en la muerte, querido Séneca. Pero una cosa es aceptarlo y otra muy distinta es quererlo. A estas alturas no tengo duda alguna de que voy a morir; y tengo, en cambio, todas las dudas sobre cuándo — tantas, que he dejado de pensar en ello. Tampoco dudo de que la vida sea, básicamente, prepararse para morir. Es sólo que mi preparación había estado concentrada en no tenerle miedo y en dejar todo en orden para cuando ocurra. Ahora me hablas de que debería quererme morir, y aunque me encantaría poder sentirme así, todavía no digiero bien la idea. No me agobia la idea de que prepararme toda la vida para un evento que ocurrirá una sola vez, porque aun cuando no sea mi mejor partido, sé que jugaré con todo lo que tengo. Pero querer que ocurra me es ajeno, y que ocurra ya, inconcebible. Es cierto que el valor de algo se percibe realmente cuando ya no está, razón por la cual solemos apreciar más a las personas que ya se fueron —siempre y cuando los recuerdos de cuando estuvieron a nuestro lado sean gratos. En esta línea, podría desear morirme por la curiosidad de saber quiénes me aprecian, y sobre todo, por qué me aprecian. Pero esta curiosidad no es suficiente para romper la única cadena que dices que me mantiene atado: el amor a la vida. ¿Será entonces que, si no lo quiero, no estoy listo todavía? Pero creo entenderte mejor ahora, Séneca: tú nunca me pediste desear la muerte — eso sería una pasión, la misma que antes me advertías evitar. Me pides quererla, que es cosa de la razón y no del arrebato. Quizás por eso me cuesta: aún confundo el querer sereno con el desear impaciente. Con la muerte ocurre que ya la acepto, me estoy preparando para poder recibirla, pero me falta mucho para querer hacerlo. Algo muy distinto me pasa con todos los demás aprendizajes: identifico una verdad interesante, realmente quiero conocerla y luego me preparo para poder hacerlo. Debe ser que la muerte entonces, es una verdad distinta. Con todo lo demás, querer es poder. Con la muerte parece que poder es querer. Entonces, hasta que llegue el momento, me seguiré preparando para poder, seguro de que en algún momento llegará el querer. Creo también distinta a la muerte porque la mayoría de las veces parece ser buena — dejamos lugar para los que vienen. Muy pocas es bella — para el que muere en su deber. Y —al menos la muerte del cuerpo—, tal vez sea la única verdad indiscutible. Me voy a querer morir, Séneca, sólo que no todavía. Tengo por delante toda la vida para despejar este “todavía” de la ecuación.
8 de septiembre de 2026

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