Sobre las ocupaciones y el éxito
Me hablas del retiro, Séneca, justo cuando es una de las decisiones en las que he venido pensando mucho últimamente.
De todas las actividades a las que me gustaría dedicarme si no necesitara dinero para vivir, con seguridad probaría con todas hasta quedarme con la que más me haga crecer —si no con varias a la vez —, pero definitivamente no me dedicaría a mi negocio actual.
No es tanto que este no tenga futuro, porque justo al estar en riesgo por el reciente desarrollo acelerado de las tecnologías, creo que realmente existe una manera de transformarlo para que sea mejor y más duradero.
Tampoco es porque no pueda encontrar en esta empresa la oportunidad de trabajar en cosas que realmente me importan: estamos desarrollando personas e intentando hacer del trabajo algo distinto.
Si bien sí veo este proyecto como un instrumento para servir a otros — muy en línea con mi propósito —, se me ocurren otras formas más interesantes para lograrlo, como escribir, dictar clases o crear una empresa social que resuelva problemas tan importantes como abandonados.
Lo anterior también me podría proveer reconocimiento y estatus, pero creo que con dos importantes diferencias: menos ajetreo y sirviendo específicamente a aquellos que elijo voluntariamente.
En todo caso, querido Séneca, si realmente pudiera, me retiraría de inmediato del mundo corporativo — no del trabajo —, sólo regresando a poner medio pie temporalmente, cuando sea necesario para darle continuidad a alguno de mis nuevos proyectos.
No es cuestión de voluntad; es cuestión de tiempos: debo alcanzar antes algunos hitos para poder dedicarme a fondo a lo que sigue, y para dejarle algo valioso a los que se queden continuando el negocio. ¿Y si no consigo todo esto? Aun así, mi retiro ya tiene fecha.
Querer hacer más dinero para comprar todo aquello que no necesito felizmente ya no tiene sentido para mí, menos aún querer hacerlo para llevar el marcador al compararme con otros. Encuentro infinitamente más valiosas monedas como la sabiduría, la coherencia al actuar, la compasión y la espiritualidad, entre algunas otras de las que cotizan al alza en mi mercado.
Con 45 años no me siento para nada cerca de la vejez, pero he entendido que debo empezar a prepararme para llegar al puerto. Con la enorme suerte que he tenido con las condiciones del mar, espero que todavía falte mucho para que termine el paseo.
Aun así empezaré a pensar en cómo desembarcar y en ir bajando la velocidad de navegación, pues si sólo me quedara contemplar el mar en el trayecto faltante, estaré más que agradecido. Porque no le preocupa adónde llegar a aquel que lleva todo consigo.
8 de julio de 2026
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