Sobre la vejez
Estoy realmente viviendo, mi querido Séneca. Después de un espectacular fin de semana con mi esposa e hijas —primero en un festival del colegio y luego en nuestra casa de playa — me recargué bastante de energías para los días que vienen, y de agradecimientos por todo lo vivido, como suele sucederme.
Y hoy que empieza la semana, he podido hacer algunas de las cosas que las obligaciones me han venido impidiendo — o que yo mismo me he impedido, sin darme cuenta. Dormí muy bien, dejé a mis hijas en el colegio, hice ejercicio, escuché un par de clases, escribí en mi diario después de tiempo, organicé mi repositorio de notas, atendí algunos pedidos de trabajo necesarios y pude pensar en cómo organizaré mi semana, además de meditar un poco y finalmente abocarme en este importante proyecto de escribirte de vuelta.
Una vez que termine de responderte, me dedicaré de lleno al trabajo, habiendo dedicado más de la mitad de mis horas disponibles a todo lo anterior, y ya sintiendo profundamente los positivos efectos de todos esto. Me siento más productivo, más tranquilo, más motivado, más preparado y más agradecido por lo que sigue. Tan completo me parece este día que contiene casi todo lo que pediría si fueran mi últimas horas ocupando este cuerpo.
Aún así, yo prefiero pensar en horizontes semanales, que es como en mi caso suelo organizar mi vida. La semana tiene ventaja sobre el día: incluye ocio y negocio en proporciones más representativas de la vida — al menos según las costumbres de estas épocas. Además, difícilmente puedo considerar algo terminado en un periodo tan corto como un día, ni quiero que algo se extienda más de una semana para poder considerarlo finalizado.
Debe ser también porque como dependo de otros para que varias cosas ocurran, y consciente de que no deben organizar su vida alrededor de la mía, la semana provee suficiente holgura para lidiar con esto.
Con todo lo vivido hasta ahora, me estoy prometiendo que así sea cada uno de los días que siguen, si el universo me permite continuar por aquí. Sé que todos los días no podrán ser exactamente iguales, pero no por ello reduciré empeño, sabiendo además que aquellos que no sean tan completos serán compensados por otros que superen el de hoy de sobremanera.
En todo caso, aunque sigue siendo la semana mi unidad de medida preferida, esto no es incompatible con intentar aprovechar cada día al máximo, pues aunque los siguientes no sean tan buenos, habré tenido una buena vida de todas formas.
Y desde hoy a la noche, antes de dormir, me diré con verdadera creencia: no solo he vivido, sino ¡qué bien que he vivido! Y mañana será mejor, no porque objetivamente lo sea, sino porque como todo fruto maduro, yo mismo me sabré mejor.
12 de mayo de 2026
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