Sobre la sabiduría y los referentes para moderarse
Empiezas, mi amigo Séneca, con una afirmación que estaba seguro te la podía discutir: que los defectos con los que nacimos no se pueden corregir. De inmediato pensé que estabas equivocado, pues creo que con voluntad, esfuerzo y guía adecuada uno sí puede llegar a corregir sus comportamientos.
Pensé de inmediato en aquella persona que comete algún acto ilícito una vez, probablemente por las circunstancias — ¿cómo juzgar al que roba para no morir de hambre?— y que nunca más lo vuelve a hacer, pues tenía muy claro que era algo indebido. Ahora mismo se me ocurre una objeción: seguramente lo volverá a hacer si las circunstancias se repiten, con lo cual regresamos a lo que decías: ninguna sabiduría puede eliminar nuestros defectos.
Luego recordé que he decidido creer en el determinismo, y aunque me gusta llamarle determinismo probabilístico — y que espero poder explicarte más en otra carta —, sigue teniendo que ver con que casi no podemos decidir sobre lo que somos o sobre nuestros comportamientos. Luego, mis creencias están en línea con tu postulado.
Pero además empleaste una palabra que me quedó resonando: "moderar". Automáticamente pensé en el justo medio de Aristóteles y en la necesidad del balance, en lo que también creo. Lo que conozco de Aristóteles se refiere más a saber cuál es el justo medio al que debemos llegar para considerar una cualidad moderada. Más complejo es realmente conseguirlo —parece otro tipo de sabiduría—, pero con una o con otra, queda claro que no se trata de eliminar nada, sino de gestionarlo. Cual la ira cuyo momento inicial es inevitable, sólo nos queda decidir hasta dónde la dejaremos llegar.
Me ocurre por ejemplo, que siempre me ha costado levantar la mano para hacer preguntas cuando se trata de un grupo grande al que no conozco mucho, no refiriéndome a que nunca lo hecho, sino que siempre que lo hago siento algo de vergüenza. Últimamente soy más preguntón en contextos similares, con la diferencia que puedo gestionar esta vergüenza y actuar a pesar de ella, pero no me llega a pasar que no la siento. Gestiono, pero no elimino.
Me hablas después de elegir a alguien a quien tener cómo referencia, pero en mi caso es demasiado evidente que eres tú Séneca, mi maestro y guía, aunque debo confesar que estoy empezando a conocer otras grandes mentes de las que claramente me quiero guiar también, ya no sólo por lo que pensaron, sino por lo que además hicieron. Hablo de poetas y héroes, siendo Peter Singer hace mucho tiempo, Bertrand Rusell hace no tanto y recientemente Voltaire, algunos de los sujetos de mis enormes respetos.
Dices que cuando uno piensa en estos referentes puede hacerse mejor al contar con punto importante de comparación, pero también que es enormemente útil sentirse vigilado por ellos. Pensaba en mi padre, que aunque no creo que esté en ningún lugar luego de morir, su idea —porque no es solo imagen— me parece que me acompaña.
Aunque pensaba, sobretodo, en mis hijas. Porque para mí, ellas siempre están viendo aunque no estén mirando todo lo que hago, y nada me dolería más que decepcionarlas. Me hago mejor teniéndolas como referencia y ojalá yo pueda ser alguna para ellas.
Dicen que uno es tan grande como lo que ama y tan pequeño como lo que le molesta. Amándolas como las amo, ¿cómo podría ser más grande? ¿Algo me podría molestar?
5 de mayo de 2026
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