Cartas a Séneca

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Sobre la diversidad de las lecturas

Recibí tu consejo sobre los autores, mi querido Séneca, y debo confesarte algo incómodo: no lo estoy siguiendo. Leo regularmente, pero nunca todo lo que quisiera. Y últimamente leo menos que en los últimos años, seguro por haber decidido dedicarle más tiempo a otras obligaciones y desde hace poco, a actividades realmente importantes, las que te decía que me hacen sentir vivo realmente. Contrariamente a lo que sugieres, recientemente —diría un poco más de un año— leo con regular variedad. Difícilmente me quedo con un solo libro hasta terminarlo, sino más bien que ahora prefiero leer varios libros a la vez. No sé si esto ocurre por mera curiosidad o por dármela de generalista, pero lo más probable es que sea porque necesito resolver diversas situaciones en las que los libros me pueden ayudar. A veces tengo un problema específico para el que sé que algunos textos me pueden proveer ideas o inspirarme. Otras, sin problema en mente encuentro soluciones que sé que algún día pueden servir perfectamente. Pero tal vez lo que más disfruta es cuando tiento mi suerte y encuentro algo verdadero, útil o bello. El que busca, encuentra. El que encuentra, lo cuenta. Mi ánimo, seguro asociado al calendario semanal, también marca el ritmo de mis lecturas. Quizás este puede ser parte de mi problema a la luz de tu consejo — buscar novedad según mi estado. Pero mira bien: busco novedad según mi necesidad, que es distinto. Durante los días de trabajo estoy más interesado en los negocios, en el liderazgo, en la contribución social y en todo lo que me haga ser mejor empresario y líder. Los fines de semana mis intereses se inclinan más por la historia, la literatura, la cultura, la salud y la espiritualidad. Sin duda los acontecimientos de la semana también me influyen, pero mi variada curiosidad responde en realidad a diversa necesidad. Dirás que carezco de disciplina, pero si la emoción es requisito para la acción, aprovecho mejor las lecturas cuando estoy emocionalmente involucrado o racionalmente emocionado. Si paso un día sin leer empiezo a sentir un vacío, que en alguna medida logro llenar aprendiendo algo valioso por otra vía: una clase, un artículo, un podcast, pero casi todos los días me esfuerzo por haber aprendido algo conscientemente, por cuanto aprendizaje inconsciente no lo puedo registrar. Si bien leo algo menos, sin duda escribo más, y no me refiero a espacios como este, en donde me estoy aplicando para mantener el ritmo, sino que me refiero a escritos muy cortos. Estoy siempre al acecho de ideas por su potencial. Cuando las encuentro, hago una nota —al menos del titular— con el propósito de desarrollarla luego. Raramente lo hago. Lo extraño es que estas notas no desaparecen. Se siguen desarrollando en algún rincón de mi mente, involuntariamente, hasta que un día resurgen o se quedan siendo parte de quién soy. Sin más, por lo menos sé que necesito masticar por mucho tiempo una idea para realmente digerirla, y es escribiendo algo al respecto que a mí me es posible. Leyendo es que recargo; escribiendo es que disparo. Concuerdo Séneca plenamente contigo en la necesidad de tener pocos amigos y muchos conocidos. Ya sabía yo que los autores clásicos son aquellos a quienes debo frecuentar y por allí he venido transitando, pero últimamente he entendido que "clásicos" es una categoría muy grande y que debo hablar de nombres concretos. Justo no hace mucho definí una lista casi completa de autores de quienes me encantaría volverme su amigo, como Platón, Aristóteles, Marco Aurelio, Hume, Nietzsche, Betrand Rusell, Oscar Wilde, William James, Borges, Peter Singer, Kahneman, Taleb, Sam Harris, Kafka, Richard Bach, Ribeyro, Zweig y por supuesto tú, mi querido amigo. Y si no llegan a ser mis amigos, igual los quiero como mentores. Si sólo pudiera conocer mucho más de estos gigantes y mucho menos de todos los demás, sé que tendría no sólo lo necesario, sino lo suficiente, de la misma manera que uno cubre primero la renta antes de comprar pasajes. Pero aquí tengo una pregunta para ti, Séneca: ¿Acaso que alguien no sea mi amigo significa que no pueda tener algo valioso de lo que aprender? ¿No será un encuentro breve la oportunidad de conocer amistades más profundas? Tal como aconsejas sobre apropiarse de algunos pasajes de autores valiosos, evoqué automáticamente uno de Emerson, que todavía no está en mi lista de queridos amigos porque no lo conozco tanto, pero que recuerdo que decía que no recordaba todos los libros que había leído de la misma manera que no recordaba las comidas que ha ingerido, pero ambos lo habían hecho quién es. No habiendo manera de que yo recuerde todo lo que he leído, ni todos los autores que he visitado, me basta saber que cada idea es un ladrillo de la mejor construcción que puede forjar, cada día mejor que ayer.
20 de febrero de 2026

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