Cartas a Séneca

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Sobre la amistad para el filósofo

No necesito tener amigos, entonces, maestro Séneca, pero sí quiero tenerlos. No los necesito en la medida que puedo vivir sin ellos, pero ninguna vida sería tan feliz como aquella que con amigos — aún cuando la felicidad es algo más que se tiene cuando se cree. Sí necesito de los demás en la medida de que todo lo que consumo y me sirve para subsistir lo que han producido otros — aunque es sólo de casualidad que alguno de ellos sea mi amigo. Pero es que no es amigo el que me provee algo, sino aquel a quien yo le puedo proveer cosa valiosa, que estoy entiendo es el fin de la amistad. Así como un filósofo de palabra necesita objetos de pensamiento —llámense ideas — , un filósofo verdadero, de los que predican con la obra, necesita objetos de práctica, aquellos sobre los cuales puede mostrar sus virtudes. Claro está que no es el amigo el objeto de este ejercicio, sino la misma amistad — ¿cómo entenderla sin practicarla? Quede claro entonces que la amistad no es algo que se busca o se encuentra, sino se fabrica, se cultiva, se invierte en ella. Fácil sería volverse amigo de alguien por afinidad o conveniencia, pero no necesariamente tengo para ellos algo valioso que proveer. La verdadera amistad es por amor, y ocurre una vez que uno ha decidido desarrollar el vínculo con esta persona. ¿Cómo puedo tener un amigo si no tengo suficiente para darle? Claramente no me refiero a bienes materiales — que es grato poder compartir — sino a conocimientos, experiencias, consejos, pero sobretodo, atención — bien tan valioso como lo fue siempre, a la vez que tan desperdiciado como lo es en estos tiempos. Sin duda los mejores momentos de mi vida han transcurrido con amigos y personas a las que aprecio, instantes que por escurrirse fácilmente de la memoria, muchos pretenden recordar con fotografías o videos. No es por desconfiar de mi memoria, pero hoy prefiero buscar que momentos similares vuelvan a darse, para disfrutar de nuevos presentes, o mejor aún, intento disfrutar plenamente los momentos que estoy viviendo ahora, más que aferrarme a los del futuro o del pasado. Sabiendo que la amistad no es el único bien preciado, voy a esforzarme para recordar que todos los que necesito ya los tengo en la mochila, de manera que si algo me falta, es porque el universo quiso enseñarme que no lo necesitaba, del mismo modo que si pierdo alguno de mis implementos. Esta mochila no está cerrada, pero teniendo capacidad limitada, debo aprender a quedarme con lo más valioso — lo que significa dejar ir algo. Puede entonces que esto último ocurra con mis amistades: dejar ir algunas para poder atender a otras. A todos nos pasa por dejadez o distancia, pero es preferible que se trate de un proceso voluntario y consciente. Ya no me pregunto más si soy feliz, Séneca, sino simplemente por qué no lo sería. Así estoy despejando el paso para más felicidad, y por supuesto para más y mejor amistad. Eterno amigo a quien siempre le estaré en deuda por llenar mi mochila, la misma que llevaré dondequiera que vaya, por aquí siempre me podrás encontrar.
20 de abril de 2026

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