Cartas a Séneca

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Sobre filosofía y pobreza

Puedo sonar trágico, mi estimado Séneca, pero atravieso uno de esos momentos en los que, aunque lejos todavía, ya puedo verle la cara a la pobreza. Lo digo consciente de mi exageración, porque confío en mis capacidades para evitar el remesón, y si llegara a ocurrir, también en mis capacidades para superar la situación. Sé ahora que así como me debo recordar que puedo morir en cualquier momento, debo tener presente que también puedo caer en pobreza en cualquier instante. Ni una ni otra debe aterrarme, pero me deben motivar a prepararme. He venido intentando desprenderme de lo innecesario — que no era poco — a sabiendas de la desconexión que con nosotros mismos produce el exceso de objetos. Ahora pienso con detenimiento antes de adquirir algo que llamó mi atención, y dudo poco para deshacerme de lo que no me sostiene. Pero todavía estoy lejos — muy lejos — de la pobreza voluntaria a la que te refieres, esa que debo provocarme deliberadamente. El alma, al igual que el cuerpo, necesita dosis progresivas de dificultad para fortalecerse. Quiero seguir hambriento, pero a propósito. Entiendo cada vez con más claridad que sabiduría y riquezas pertenecen a dimensiones distintas. La primera depende mucho más de mí; las segundas, en cambio, no solo son secundarias — sino innecesarias para alcanzar la primera. No por esto rehuiré de las riquezas cuando no me exijan sacrificar mi búsqueda de sabiduría. Para las riquezas soy presa del azar, que no reconoce esfuerzo ni mérito. Para la sabiduría, soy huésped de la filosofía, que sólo me pide tenerla presente. Cada vez con más frecuencia, al observar a los demás, siento que están equivocados. Me refiero a cuestiones muy variadas, pero en particular a una: el materialismo como apego exagerado a los objetos y darles más valor del real. La mayoría cree que son las riquezas el fin de la lucha, y que el premio es adquirir objetos que vayan confirmando que uno avanza en la dirección correcta. Lo veo con la ropa, en los celulares, en los autos — objetos en los que casi todo el mundo cree que está la felicidad o, cuando menos, el marcador del éxito. Y por supuesto, cuando veo a todas estas personas me veo también a mí algunos años atrás, cuando estaba más enfermo que todas ellas. Algunos me deben seguir viendo enfermo — y seguro que todavía debo estarlo. Pero hay una gran diferencia, Séneca: yo soy consciente de esta enfermedad y tengo toda mi voluntad puesta en sanar.
23 de junio de 2026

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