Cartas a Séneca

Volver

Sobre el retiro

Me sigues hablando, querido Séneca, sobre mi tan deseado retiro. No estoy listo todavía. No es porque esté haciendo los cálculos, ni porque esté muy lejos de la cifra, sino porque honestamente no creo estar preparado aún. Me refiero a preparado para entender que puedo estar ya parado sobre aquel lugar que por ahora sólo existe en mi imaginación. Aunque sí he tomado decisiones radicales en mi vida, definitivamente no pensaba dejar mi ocupación actual de un día para otro, pues esta es una decisión más difícil de revertir — como volverse vegano o empezar a escribir un libro. Cierto es que no sólo debo resolver algunos asuntos — desatar los nudos que yo mismo he dejado que se armen por demasiado pragmatismo —, sino que también debo preparar el terreno para que en caso de caer tenga al menos el casco puesto. Es curioso que durante muchos años — y hoy todavía — haya dedicado tanto tiempo a ganar el derecho de tener más tiempo, supuestamente para lo que quiera realmente. Cuando sin duda el tiempo hoy vale más que el de mañana: nadie sabe si volverá a despertar, y si lo logra, quizás no tendrá la energía para aprovechar ese nuevo día. Mi plan de retiro ha ido evolucionando. Primero había una cifra en mente. Luego le puse un plazo. A continuación entendí que primero debo liberarme de la impedimenta, para posteriormente darme cuenta de que puedo ir mucho más ligero todavía — lo necesario sobre lo querido. Creí tenerlo completo cuando vi la posibilidad de ir tomando algunos riesgos para adelantar la partida, pero recién visualicé que ya estoy retirado durante algunas horas de la semana — y que seguramente puedo ensanchar ese espacio. Me dices, Séneca, que mis ocupaciones podrían ser servidumbre, con un tono que percibo negativo. Creo que las cosas se pueden ver de otra manera: mis ocupaciones pueden ser una especie de servicio que hago para otros, caso en el cual la decisión de dejarlas no puede ser solo mía — pero hasta ahora, sí ha tenido mi deliberada aceptación. Claro está que debo pensar en si es la actual la mejor manera de servir a otros, y como no estoy seguro de ello, es muy probable que exista otra con más impacto en los demás — sólo que nunca lo descubriré si sigo anclado a este puerto. Si lo que hay luego de la muerte es lo mismo que había antes de nacer, no tengo mucho que hacer, salvo engrosar este corto segmento de vida para dejar marcado un camino que a otros les pueda servir: uno que no llega a ninguna parte, pero que debe pasar por todas partes.
11 de agosto de 2026

Suscríbete para recibir nuevas entradas

Recibirás cada nueva Carta o Email al ser publicada.

Suscribirme en Substack →