Sobre el filósofo igual y presente
Me hablas primero, Séneca, de los problemas de la singularidad: ser muy distinto me alejaría de quienes quiero cambiar. Y tienes razón. He tratado de ser muy distinto, en parte naturalmente y en parte a propósito.
Llevo un arete y tatuajes visibles — adornos que muy pocos en mi entorno osarían llevar. Soy vegano, practico el ayuno y cuido mi sueño. Además abrazo ideas radicales, en las que realmente creo que casi todos están equivocados, como creer que el capitalismo es el único camino, o que el consumismo nos hará felices, o que alguna religión tenga realmente las respuestas—sólo paliativos. En resumen, he construido una vida deliberadamente diferente.
Durante estos años en que mis cambios se han acentuado, realmente los he disfrutado. Creo no ser uno más del montón sino que creo que todos estos cambios me han estado haciendo bien y mejor persona. Sí he sentido el rechazo —o al menos el alejamiento de algunos cuantos por mis particularidades — pero mi lectura es siempre positiva: no eran para mí.
Pero ahora entiendo que pude haber exagerado, porque la soledad extrema no es filosofía, sino aislamiento. Y ningún hombre puede vivir así, tan sólo sobrevivir. Yo pretendo mucho más que esto.
Es curioso: ya aplicaba esta lección a mi veganismo, donde soy más comprensivo que agresivo, pero no lo había extendido a otras dimensiones de mi vida. ¿Cómo no intentar entender por qué no pueden cambiar los demás, cuando yo estuve la mayor parte de mi vida en esa misma vereda?
Luego me hablas sobre la dificultad de concentrarse en el presente. Esto ya lo sabía, pero como dicen de los buenos libros: los mejores son aquellos que saben decir lo que ya sabes. Y aunque la meditación un poco me ha ayudado, me sigue costando enormemente vivir aquí y ahora.
No es tanto el pasado el que me atormenta, sino el futuro el que ocupa mucho más de mis pensamientos que lo que debería. Creí que tenía miedos y esperanzas, pero ahora entiendo que sólo eran esperanzas, y que los miedos se generan a partir de la posibilidad de que no se cumplan mis previsiones.
El hecho de que me esté tomando estos minutos para leer tu carta y responderté—a pesar de tener otros asuntos importantes—es una señal de que sí es posible vivir a nuestro modo, al menos por algunos instantes. Quizás esto sea todo lo que tenemos.
Voy a reducir mis esperanzas, Séneca. No porque deje de ser positivo, sino porque casi nada depende de mí. Ahora sé que todo depende del azar—el más justo de los dioses — así que lo único que me queda es vivir absolutamente en el presente, flexible ante lo que venga.
Quiero ser filósofo, Séneca, al menos por hoy, y así por cada día que me quede.
20 de marzo de 2026
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